La entrevista inicial es fundamental ya que establece el tono del proceso terapéutico y la alianza con el paciente. Requiere empatía, psicoeducación, creatividad, buena gestión del tiempo y la habilidad de integrar lo informal. Permite comprender el contexto personal, familiar, social y médico del paciente, además de clarificar el motivo de consulta. Idealmente, debe concluir con una definición del problema y un plan de tratamiento, aunque en ocasiones sea necesario un segundo encuentro. Un enfoque claro y uniforme en esta etapa asegura un proceso terapéutico más efectivo.